martes, marzo 10, 2009

La Estación

El agudo resonar de un despertador inundaba cada una de las paredes de la desierta habitación que ante oídos de su programador jamás llegaría, al parecer este había decidido afrontar la realidad antes de lo planeado.

Cada paso trazado al descender por la calle principal le costaba más trabajo, ya que ante cada bocanada de aire inspirada podía sentir como aumentaba su pesar e irritación, el perfume del asfalto mojado que antes le había parecido agradable, hoy sólo podía resultar ser la más agotadora de las esencias, luego el asfixiante polvo de la construcción mezclado con el intenso aroma de pan recién horneado lo llevaron al borde de las nauseas lo que no era el mejor de los síntomas, sin embargo, podemos decir que el detonante mayor fueron aquellas flores recién cortadas cuyo hedor lo escoltaba animosamente hacia su condena, de modo que todo parecía molestar al agobiado hombre que se arrastraba por la acera en la cotidianidad de su despertar.

Una despampanante mujer volteó a mirarle, como lo habían hecho todos los que se cruzaron ante este extraño personaje, quien parecía no haber dormido en más de un siglo.

Acelerados pasos repiqueteaban contra la metálica plataforma, algo que se mostró dispuesto a ignorar y desde la cima pareció verlo, otra vez el molesto color destinado a dar orden al lugar.

Entonces la sintió…

Era la hora- pensó

La intensa corriente de aire mezclada con el chirrido del acero fundido advirtió su destino.

Tanta gente –racionalizó mientras se acercaba al borde del andén.

Alarma…

Más gente acercándose…

La orden ejecutada por aquel, para los animales que éramos.

Se dispuso a traspasar la línea cuando… se encontró solo frente a la línea del andén y ningún sonido vino para perturbarle, fue entonces que se percató que el vagón se había ido.

-¿Lo había dejado ir? ¿Cuánto tiempo emplee cavilando?- se increpó con lágrimas en sus ojos producto de la rabia, no había excusa ni fundamento razonable para estos momentos.

El sabor de la angustia por su cobarde actuar embargaba cada fibra de su cuerpo.

Estaba decidido a gritar cuando meditó y repasó nuevamente el plan…

Será el próximo entonces…- se dijo al momento en que una anciana mujer le sonreía desde el otro extremo de la plataforma.

No le devolvió el gesto- sí, El próximo entonces…